Entre marzo y julio de 2011 realicé un viaje, dibujando por países de la costa norte el norte mediterránea. Desde entonces, cada vez que traigo noticias de Nuestro Mar, me acerco de nuevo aquí, a contaros lo que he visto y dibujado Desde la Bañera



miércoles, 30 de noviembre de 2016

Arqueología en Mazarrón. Villas romanas


Sé que en el ancho Mundo hay ruinas espectaculares, pero estas son las que me hacen escapar de la estética turística de estas costas para evocar mentos en que el Mediterráneo era el Mare Nostrum. 
La villa de arriba es posterior al 200 D.C. y me lleva a imaginar a una familia romana viviendo de su pequeño huerto y su factoría doméstica de salazones junto al mar.
La de abajo es posterior y está sobre una loma, más alejada de la costa, en el actual casco urbano de Puerto de Mazarrón




martes, 22 de noviembre de 2016

Arqueología en Mazarrón. Prehistóricos, fenicios y romanos


Punta de Gabilanes, este pequeño promontorio costero entre dos playas en que me baño desde que era un crío, tiene restos de hace 4000 años, cuando servía de apoyo a la navegación costera.También lo usaron los fenicios como enclave comercial y los romanos como factoría para procesar plata proviniente de mineral de Mazarrón.
Una pena, no poder dibujar estas ruinas directamente. Las han tapado para su protección. Me conformo con dibujar la foto del panel explicativo y subir a la roca de enfrente para imaginar cómo sería el panorama en aquellos tiempos. 



miércoles, 16 de noviembre de 2016

Arqueología en Mazarrón. Hace 6000 años

Subo al Cabezo del Plomo, una meseta ente el Puerto de Mazarrón y Bolnuevo. Hay un asentamiento neolítico desde el que se divisa una panorámica del Mediterráneo, por un lado, y la extensa llanura que lleva a Mazarrón pueblo, por el otro.
Mientras dibujo me sobrecoge pensar que hace 6000 años vivía gente aquí que miraba esta espléndida puesta de sol como yo ahora. El poblado tiene una dimensión respetable, pero solo me queda luz  para un dibujo, así que escojo el encuadre más atractivo, renunciando a mostraros el resto de este interesante yacimiento.
La escasa claridad no me deja distinguir bien las mezclas de color. Cuando vuelvo a casa veo que la composición se ha subido un poco de tono.


domingo, 5 de junio de 2016

Mazarrón. Primavera de 2016


Este año, la primavera ha sido loca en toda España, en Europa. Aquí, ahora, se nota menos.
No me ducho después del baño, creo que la sopa del mar es un buen alimento para la piel. Pero esta vez me pica el cuerpo. ¿Culpa de los cercanos invernaderos de tomates? Pasan los días  y ya me encuentro normal. Puede que fuera la falta de costumbre.
La sierra de Las Moreras se ve desde cualquier playa de la zona de Bahía; me gusta el poder de esas montañas. Desde el faro, el día es ventoso; plancha el mar y ventila los montes. Me gusta comprar pescado de la bahía, recién traído; hoy había unos deliciosos calamares; su sabor no tiene nada que ver con el que se compra en el interior. Junto a la playa de La Isla quedan restos de lo que fue una zona de procesamieto y carga de mineral para su transporte por mar, ya desde los fenicios; las colinas peladas, salpicadas de ruinas, me resultan muy evocadoras. Hay días que la playa de El Castellar da unos brillantes colores de cielo y mar. Hemos estado en Las alpujarras y visitado el monasterio budista de O Sen Ling; tocas el cielo. Unos pescadores se entretienen con sus cañas mientras empieza dorarse la tarde, en la playa de La Ermita.
Dulces sensaciones que llenan de encanto la estancia en esta parte del Mediterráneo.




martes, 13 de mayo de 2014

Pildoritas vitales


En los retratos de Micaela no estuve afortunado. Además, blogger se empeña en mostrar este, tumbado ¿?


En Semana Santa vine a Mazarrón con Carmelo Argáiz y su familia. Hacía tiempo que no convivía con niños. Y puede que de descentren un poco, si no estás acostumbrado. Pero estos, Micaela y Daniel, son tan vitales, ingeniosos, ávidos de aprender, preguntar, probar, comentar, y yo tenía tanto tiempo, que lo pasé muy bien con ellos y con sus padres.

Aún con la resaca de un larguísimo proyecto, un mural para la ESDIR, el juego de estos críos con la Vida, con todo lo que les rodeaba, lejos de cansarme, fue un regalo para el tiempo de ocio y pasividad que me tocaba disfrutar.


Lo Pagán. Zona de las Charcas, donde se toman los lodos.

Museo del Mar (en rehabilitación) Uno de los pocos edificios tradicionales que quedan en Lo Pagán


Más tarde, en mayo, he estado en Lo Pagán, para probar los lodos de sus Charcas. Toda una experiencia que quiero ahondar.
Como en casi todo el litoral del Levante español, el turismo ha devorado su identidad urbana. Pero las planísimas perspectivas de las salinas y su Charquito (así llaman al mar Menor) mantienen intacto su poder de seducción.

Termino pidiéndoos disculpas por el exceso de saturación de las imágenes, ahora que las veo en una pantalla distinta de cuando las procesé. Es lo que tiene mi actual vida errante.

lunes, 17 de febrero de 2014

Volviendo de las Cícladas

Atenas. La Acrópolis desde el Ágora.


Marisa y Pepe comiendo en el chiringuito de la domatia, fundidos sobre los montes de Kalamata (Ilaeira?)

Kalamata. Puesta de sol desde el balcón de la Domatia


Pepe en el vuelo Kalamata-Bergamo

Bergamo Alto desde la estación de tren. Cristo de Santa Maria Maggiore

Milán. Chica-anuncio de Transfer a Bergamo Aeropuerto. Viajeros en el tren Milano-Bergamo

Bergamo. Elina Duni en Santa Maria Maggiore
Esperando la salida de Bergamo a Madrid

Athens, Kalamata, Bergamo, Millano, Madrid


10 de octubre de 2013. Syros fue la mejor despedida de las Cícladas. El resto de los días fue derivar hacia nuestro origen respectivo. Atenas, Kalamata, Bergamo y allí nos separamos, porque Marisa y Pepe volvían a Argentina.

En Atenas, una suerte dar con el Hotel Cosmos. Fuera de lo más turístico, en un barrio tranquilo, de emigrantes bien situados. En otro tiempo fue un lujo de hotel y lo grande es que aún conserva la uniformidad en su mobiliario cincuentero y extensos suelos de mármol. Y con unos precios interesantes.
Por lo demás, encontré la ciudad más triste que nunca. El centro invadido por la pobreza y la mala vida. Y la zona arqueológica, evocadora, impresionante. Como siempre. Un apunte desde el Ágora antigua era inevitable. Me gusta mucho pasear por allí.

Tras poco más de 24 horas tomamos un autobús a Kalamata, destino turístico próximo a Esparta, con vuelos de Ryanair. Tres horas y media, pasando por el canal o, al menos, lo que parecía un ramal del mismo, y la impresionante Antigua Corinto. Una enorme peña calva surgiendo en la llanura y literalmente coronada por la vieja muralla aquea. Y luego los montes y enormes valles peloponesos.

Kalamata sí vive del turismo. Sus aceitunas exquisitas, su vino, no parecen ser más importantes. Llegamos la víspera de nuestra salida a Bergamo y aprovechamos para darnos un baño, alojados en una domatia frente a la playa. Y también para comer un buen pescado a la parrilla. Todo aprecios de fuera de temporada. Allí dibujé a Marisa y Pepe. Y luego se me ocurrió pintar sobreimpreso, el imponente monte (¿Ilaeira?) del fondo. A alguien le recordó al Rushmore. Tampoco era mi intención. Más tarde, no me pude resisitir a la sosegada puesta de sol.

En Bergamo nos despedimos de los primos. Nosotros nos quedamos un par de noches más y dimos una vuelta por Milán. Bergamo Alto es caro pero imprescindible. Y, mira, nos despidió regalándonos un concierto de jazz en Santa Maria Maggiore. Se habían agotado las entradas y nos dejaron pasar gratis. Todo un detalle y un goce, la plenitud vocal de Elina Duni. Y así acabó nuestra vuelta de las Cícladas. Madrugón... Y Madrid en tres horas.


sábado, 4 de enero de 2014

Syros no vive del turismo

Nuestro primer té en Ermoupolis.



Dr. Lucas Morgan en  una agradable taberna de parroquianos, cerca del muelle deportivo.


Ambiente en la taberna en nuestro segundo día, con Adonis al bouzouki y voz.


Adonis toca entre parroquianos y  personal de la taberna, que acompañan.


Marisa en una taverna del barrio judío, Ano Syros.


Taberna Alfonsou. Izquierda, Paula, la dueña y apunte de un espontáneo que baila. Derecha, músicos.


Detalle de los músicos. Al fondo, espejo reflejándonos a los cuatro: Pepe, Marisa, Charo y yo.


























Syros no vive del turismo, 
pero Ermoupoli es una de las ciudades más bellas de las islas.
Y sin embargo es tan bella o más que cualquiera de las visitadas anteriormente. Al menos su capital.

7 de ocrubre de 2013. El desdembarco en Ermoupoli es impresionante. No me quise poner nervioso pensando que no me daría tiempo de dibujar la compleja y bella vista de la ciudad. Sus primeros 200 m. después del muelle, son planos y embaldosados de mármol blanco. Después la ciudad se va dividiendo en dos hermosa colinas piramidales, cubiertas de casitas cúbicas y coronadas con sendos templos, cristiano y ortodoxo. Espectacular.

El barrio judío, Ano Syros, en la pirámide izquierda, desde el muelle, tiene un carácter muy personal. En una de sus tavernas, familiar, acojedora a más no poder, dibujé a Marisa. Pero antes, ya habíamos comprobado la simpatía de los Syrios.

No recuerdo el café donde dibujé la tetera, pero sus dueñas eran muy cálidas. Y en esa taverna de compadres cuyo nombre no puedo ni volver a escribir, allí estaba el doctor Lucas Morgan, un irlandés asiduo del local, que fumaba sus Cohiba en cachimba. Allí, disfrutando de la espontaneidad griega, su naturalidad, su hospitalidad. Como nosotros, recién llegados. Y quedamos para otro día, porque Adonis nos prometió que acudiría con su bouzouki y cantaría. Así que después de dibujar al Dr. Morgan, reservé la página de la derecha para la siguiente cita en que completé un cuadro de lo más animado.

Vimos esa Grecia donde la gente se arranca a cantar y bailar, no solo ahí. También en la taverna Aldonsou, frente al muelle pesquero, donde entramos por casualidad al bajar de Ano Syros. Allí el espectáculo, con músicos ya previstos, fue impresionante. También la generosidad de los dueños que (lo mismo quie en la anterior taverna), solo por verme dibujar aquello, nos regalaron vino, ouzo y postre. Una noche inolvidable (y confieso que, después, terrible, porque la resaca del ouzo es criminal).

Me llevé la pena de no dibujar la ciudad en sí, tan peculiar, tan bella. Tendré que volver.